XI Cena del Millón

Rama blanca

Bogotá, 29 de septiembre de 2022

Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones. (2 Tim 1, 3)

Algo que me llama la atención de San Pablo, es su apasionado amor a la Persona de Jesucristo. Y esto es interesante, pues, él jamás lo conoció, ni compartió con Jesús de Nazareth como lo hicieron los doce apóstoles. Sin embargo, en cada una de sus cartas se logra vislumbrar ese afecto desmedido por el Señor y que a la vez le lleva a manifestarlo a todos los destinatarios de sus escritos. No es que vaya a hablarles de San Pablo, solo que, cuando estaba pensando en esta noche y en qué decirles a todos los presentes, me topé, con este versículo de la Segunda Carta a Timoteo capítulo uno, versículo tres: Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones.

Quizá para muchos sea desconocido o no diga mayor cosa, pero, en un acto contemplativo comprendí en él lo que normalmente hago por cada uno de ustedes: orar agradecidamente por lo que hacen por esta Institución. Cada espacio que dedico a mi oración personal pongo con vehemencia cada una de sus intenciones, y aunque nos las conozco, siempre pido que tengan salud, trabajo, bienestar y progreso. En estos cinco años ha sido gratificante palpar, en el apoyo de ustedes y muchos que no están presentes en este momento, la Gracia de la Providencia Divina, pues, lo más difícil en estos tiempos es ofrecer un producto o servicio sin contraprestación. Ha sido patente la intervención de la Santísima Trinidad en la Fundación, hasta el punto de estremecerme profundamente y así, aunque mis ojos no hayan visto a Dios, ni mis oídos lo hayan oído, lo he observado en cada voluntario, donante y adepto a la misión de Sol en los Andes. Y así, de la misma manera que San Pablo amó a Jesucristo sin haberlo conocido físicamente, también lo he amado en cada niño y su mamá que han ingresado a Casa Betania. He llorado en soledad por el dolor que les acontece y he pedido se cumpla la Voluntad de Dios Padre en cada uno de sus tratamientos. He presidido la Misa de cada niño que ha partido al cielo con el corazón temblando, pero, con la certeza determinante de mi fe, con la que he alentado a quiénes todavía siguen luchando por vivir y a los que acompañan de cerca sus procesos.

Además, he encontrado a mi Señor en cada persona que se conduele de esta obra y se compromete con ella con el mercado, las tapas plásticas, los víveres y útiles de aseo, el bono de cinco mil o cincuenta mil, la cena del millón, la chocolatada, la donación en efectivo, en fin, en cada una de las actividades que se promueven para continuar hospedando, alimentando y transportando a los niños solandinos. Entonces, como la mayoría de los creyentes, no he conocido a Jesús de Nazareth, no he visto en carne y hueso al hombre que dividió la historia en dos hace 2022 años, sin embargo, me consta que existe y la continuación de esta obra lo corrobora día a día, ya que, lo que nos tiene aquí no es la comida o la certificación de donación, sino, la verdad de que estamos haciendo lo que Él dijo: Os doy una mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros.

Que, como yo os he amado, asíos améis también vosotros los unos a los otros. (Jn 13, 34) ¡Dios le pague a la Congregación de Misioneros Oblatos de los Corazones Santísimos por regalarme la oportunidad de trabajar en esa obra! ¡Dios le pague al Hotel Embassy que desde el nacimiento de la Fundación nos brinda esta cena cada año! ¡Dios les pague a los voluntarios, aliados, donantes y demás personas que apoyan a la Fundación! ¡Dios les pague a los funcionarios que crean, impulsan y ejecutan cada actividad de la Fundación! Y concluyo con el versículo que comencé: Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones.

Atentamente,
P. Leonel Porfirio Recalde Arteaga, o.cc.ss.
DIRECTOR GENERAL

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